3 de noviembre de 2012

El pequeño solitario

Rodrigo tiene 5 años, el pelo oscuro y roñoso, los ojos color café con una mirada triste. Tiene puesta una remerita roja con agujeros en las axilas y un pantalón que le queda corto y apretado. Sus manos negras llenas de mugre, al igual que sus pequeños pies descalzos sobre el pasillo atiborrado de gente en el segundo vagón de la línea E. Son las 18.30hs de un lunes frío en el julio porteño.
Rodrigo tiene 5 años y camina con su pequeño cuerpo entre los pasajeros. Les estira su mano e intenta regalarles un saludo canchero. A veces incluso, acerca su cara esperando un beso que casi nunca recibe. Trata de forzar una sonrisa, pero el cansancio de la jornada no se lo permite.
Rodrigo tiene 5 años y en el subte parece invisible. Los hombres y mujeres grises que vuelven a sus hogares, viajan como zombies. Hundidos en las páginas de un libro, perdidos en la música a todo volumen en sus grandes auriculares, inmersos en reparadoras siestas o estupidizados con sus celulares. Muchos, regresan pensando en el contenido de sus alacenas y heladeras para poder picar algo y aguantar hasta la cena.
Rodrigo tiene 5 años y sabe que a las 23hs., cuando se cierren las rejas de las salidas, va a tener que buscar un rincón donde esconderse del frío. Sus pies que pocas veces sintieron el calor de un par de medias, van a congelarse pateando las calles vacías. Supone que, como muchas otras noches, los dos viejos que duermen en la escalinata de la iglesia de Independencia y Tacuarí, lo van a dejar acurrucarse bajo una frazada vieja.
Rodrigo tiene 5 años y nunca fue al jardín. Conoce a pocos chicos de su edad, con los que habló un par de veces en el subte, mientras vendían hebillas o tarjetitas. A su papá no lo conoció y su mamá se murió el año pasado mientras fumaba paco en la calle. No sabe bien que fue lo que pasó. Recuerda que ella había empezado a toser y de pronto se detuvo. Lloró un rato a su lado pero no le respondía. Después pasaron unos pibes que les robaron el carro con el que cartoneaban y a partir de ahí se quedó solo.
Rodrigo tiene 5 años y no sabe a donde ir. Nadie lo busca, por eso nadie lo encuentra. A veces fantasea con tener una casa, un perro y a su mamá con él. Muchas noches al cerrar los ojos desea despertarse en un lugar calentito y que alguien le lleve un desayuno a su cama. Otras tantas, al dormirse, desea no despertarse nunca más.

No hay comentarios:

Publicar un comentario