Escribir hoy es sambullirme en el mar más profundo del mundo en un día de tormenta.
Es tratar de resistir los impulsos más lamentables y a la vez propulsarlos.
Es como caminar descalza sobre carbones encendidos.
Es evitar anesteciarme pero obligarme a no pensar.
Hoy, una vez más, cae frente a mis ojos, la realidad
tal como debería haberla visto desde un principio.
El desengaño, no es otra cosa que un dolor muy intenso,
pero que finalmente desaparece.
Hoy, ya no lloro. Mis ojos están secos.
Por dentro, todo se conmueve, se revoluciona.
Por dentro, cada partícula busca un nuevo espacio...
para reinventarse.
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